Dos sitios totalmente diferentes, pero con una similitud: no es lo que pretendemos encontrar cuando salimos buscando cerveza.
Free Way
El local está bastante bien, es espacioso, agradable y relativamente cómodo. La música gustará a la mayoría de los que salen por la zona en la que está (imagino; a mí en particular no me desagradó, lo cual ya es un logro). El servicio hasta lo catalogaría de simpaticón. Probablemente los fines de semana haya gente de todo tipo. Sirven Foster´s. Todo son puntos positivos.
¿Cuál es el problema?, bueno, no es un sitio al que ir a beber cerveza a mansalva, simplemente. La pinta de Foster´s son 5 euros (cuando nos enteramos de que debíamos pagar 30 euros por 6 pintas imagino que en nuestras caras cualquiera podría leer que era algo que no esperábamos). No preguntamos por si tenían más en botella, pero de grifo sólo servían la australiana y una de las más conocidas de marca española, lo cual ya me llamó la atención desde el principio.
Y, bueno, es que a escasos metros hay un irlandés, de aspecto bastante parecido, en el que poder encontrar mayor variedad de cervezas a menor precio. Pero es otro rollo, claro. Como local prefiero este Free Way, si lo que quiero es beber cerveza mejor el irlandés.
Es un sitio al que probablemente vaya a volver (lo curioso es que nunca me había adentrado en él, no sé muy bien por qué razón), pero en un plan diferente.
Al lado de Tribunal, C/ San Vicente Ferrer nº7
El Económico
Este sí que no tiene perdón de Dios. No sé cómo cojones me dio por pasar a un sitio con ese nombre. Caro, comida mediocre, nos atendió un camarero que hizo básicamente dos cosas: comunicarnos que no tenían lo que íbamos pidiendo (ocurrió hasta con 3 platos distintos, ¡y ninguno era mínimamente extraño!, aunque supongo que sería un mal día...) e intentar burdamente que le encargásemos lo más caro de la carta, amén de mientras comíamos venir a preguntarnos directamente si queríamos más platos, o de otros pequeños detalles que por separado pasas por alto pero que todos juntos llegan a crisparte ligeramente.
La visita en la que me baso ocurrió hace unos cuantos meses, en pleno comienzo de "la crisis económica". Pues bien, cómo un lugar cuyo letrero trata de engañar a los pobres transeuntes no iba a tratar de aprovecharse de este hecho. Desconozco si permanece vigente, y lo cierto es que no tengo tanta malicia ni tanto ímpetu informativo como para apuntar exáctamente en qué consistía, pero daría mi testículo derecho a que básicamente se trataba de "Ven a cenar en el económico 4 días de la misma semana y te invitamos al quinto".
En cualquier caso, aseguro que la ofertilla tenía truco y no salía precisamente barato.
Llegamos a las 20:15 y la cocina no abría hasta las 21:00, así que hicimos tiempo a base de tercios. Ni una mísera tapa, claro. La ración más barata es la de patatas gajo, a 5.50. Como he comentado antes, bastante mediocre. Las fajitas de pollo y ternera con guacamole 8 euros, y éstas ni siquiera llegaban a la catalogación del anterior plato. Las tostas, a 3.60, tampoco eran destacables precisamente.
Tengo muy mal recuerdo de este sitio, y no volvería para comprobar si tuve un día demasiado exigente. Pero como me fío de mis impresiones, directamente lo tacho de mi lista de opciones nocturnas.
Por Lavapiés, C/ Argumosa nº9
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"No se adecúa al perfil que estamos buscando"
miércoles, febrero 4
Publicado por Dain en 22:42 3 comentarios
El Nasti
martes, noviembre 4
Nasti.

(Del inglés nasty, desaliñado, sucio)
1 - coloq. Nada, nada en absoluto. Vervigratia: nasti de plasti.
2 - coloq. poét. Cerdo, puerco, guarro. Verbigratia: Yu ar a nasti güan (eres un puercazo).
(Diccionario de las gañanadas del español actual, Real Academia Española)
Cubil de la modernidad, actual Buñolería, al que nuestras alucinadas peregrinaciones nos llevaron, guiados por un gafapastismo hiperbólico en ciernes. En el instante de entrar al Nasti se nos reveló un panorama desolador: hay gente que se lava la cabeza antes de salir, y no después, como pensábamos que era lo normal, o incluso nunca, lo que creíamos que era la tendencia de moda.
Pues sí, la gente en ese local va lavada y bien lavada, y también peinada. Es más, parece que incluso han elegido conscientemente la ropa que llevan, e incluso la han cogido de una tienda y quizás hasta hayan pagado por ella.

Ahora bien, si en los
detalles puede variar, en lo básico y fundamental las ideas se mantienen: a quien no le gusta el vino es un animal, y allí no había ninguno. Puede que el precio varíe, y que el camarero en vez de llevar el ya tradicional chaleco de chulapo descolorido y con manchas de aceite lleve una camisa con una corbata pintada y unos pantalones rotos a conciencia por un niño de vietnam, además de una beckamcresta, pero la sangre de todos los presentes es igual: roja y empapada en alcohol. El que escribe, que estaba allí y lo veía todo, aunque borroso, se arriesgaría a decir que incluso la suya fuese un poco más pura que la de alguno que por allí danzaba, y se le veía demasiado animado.
¡Oh, descomunal gente con pajarita y la camisa por fuera! Escuchad, pues resulta que además de todo eso, el Nasti esconde una metafísica.
Algunos aún se acuerdan de un tiempo pasado, en el que salir por la noche no era una actividad criminal. En ese tiempo no se sabía lo que era el toque de queda, y se podía andar por la calle o tomárse lo que uno quisiera donde uno quisiese. De esta época ancestral poco nos queda, si exceptuamos un cierto lumbago al agacharse, heredero de los porrazos que dieron los maderos en una noche excepcional en la que intentábamos emborracharnos a la luz de la luna.
Nuestros grandes jerarcas decidieron que a las tres hay que salir de los bares, coger el bus a las tres y media y a las cuatro estar en casita durmiendo la mona. Y que de bancos nada (excepto los del dinero, claro está), que hay que bebérselas todas en las terrazas.
Pero el Nasti se resiste. Le importa poco la ley. Como a mí.
El ayuntamiento le obliga a cerrar a las 3 a.m., pero han decidido que si no va la policía a cerrarlo, ellos no lo van a hacer. Ellos no se van, a ellos los echan. Y así parece que poco a poco van ganando, la policía se cansa, el ayuntamiento se olvida, y los modernos se cuecen hasta altas horas de la madrugada
Me largué de ahí a una hora indeterminada entre las 3 y las 4:30, sin policía, después de que mis amigos decidieran unilateralmente abandonarme a mi destino, me metieran un regalo en el bolsillo y diesen con la puerta. A mí me costó bastante encontrarla.
La movida aún colea.
Los modernos luchan entre ellos por la supremacía de su especie.
Publicado por n.S. en 21:19 2 comentarios
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