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Madrid me emborracha

Mostrando entradas con la etiqueta Comidaza. Mostrar todas las entradas
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La Taberna del Arte

sábado, junio 27

En ocasiones nos ocurre que, por una u otra causa, nos encontramos dando vueltas buscando un lugar en el que poder tomarnos una cerveza. Son días en los que o bien no nos convence nada de lo que vemos o, simplemente, andamos andamos y andamos hasta que acabamos hasta las pelotas de nuestra propia indecisión y nos metemos en el primer antro que pillamos.
El local que paso a comentar ahora fue descubierto más o menos en estas circunstancias. Fue una de esas noches en las que, por nuestro afán investigador, llevábamos los deberes hechos de casa y teníamos apuntado en uno de mis cutre-mapas una X indicativa de grandes cervezas y gran comidaca que ingerir. Tras un viaje que nos dejó con las reservas de nuestro particular gasoil bajo mínimos, encontramos el lugar. Cual fue nuestra sorpresa cuando vimos que... todo estaba limpio. Lo que nuestros ojos veían no se correspondía con lo que uno espera encontrarse en un sitio que se supone destaca por sus enormes salchichas. El caso es que... bueno, además de limpio estaba muy lleno y decidimos arriesgarnos en otro lado.
No conocemos la zona de Cuatro Caminos demasiado, entendiendo por conocer "saber donde hay bares que estén bien", así que nos encomendamos a la Diosa Fortuna para acabar con nuestras gargantas en algún antro decente. Y así fue como encontramos La Taberna del Arte, ya que n.S., que, de los 3, es el que menos probabilidades tendría conduciendo de esquivar a algún pobre gato debido a su deteriorada, por los años y el alcohol, vista, fue quien atisbó la existencia de este, por otro parte, nada discreto rincón.

Lo cierto es que tuvimos muchas dudas acerca de si pasar o no...

La primera impresión no fue la mejor. ¿Nosotros en un sitio "torero"?, ver para creer. Antes de entrar lo primero que vimos es que esa noche había actuación flamenca, y al entrar un capote y el retrato de Camarón. Acojonante.

Ozú, que arte mi niño...

Bueno, pero nosotros no íbamos para deleitar nuestro sentido de la vista o del oído. Nosotros íbamos a lo que íbamos, a comer y beber. Con las cañas, siendo éstas de un precio estándar para lo que es Madrid, una más que decente tapa, si bien a la cuarta y última ronda ya no le acompañó nada. Y en lo que respecta a la carta de ingestas alimenticias, por un lado estaban las raciones, de suficiente variedad y de precio no abusivo, y por otra las tostas, que podéis ver en la foto:

Sí, a la camarera le hubiéramos hecho un favor... aunque no salga del todo bien en la foto...

Al final pedimos una tosta de gulas con ajitos (aunque yo quería la de buey...) y una ración de patatas ali-oli. La tosta 2.80 y las patatas no superaron los 5 euros. La tosta estaba cojonuda y daba de sobra para ser devorada por dos personas. Las ali-oli simplemente fueron las mejores que he probado en mi vida (en serio, estaban muy buenas, y en la mayoría de los sitios dan bastante asquete), con una abundante bandeja de patatas gajo bañadas por la suave pero sabrosa salsa blanquecina correspondiente. Desde luego, nos quedamos con ganas de seguir comprobando si el resto de platos ofertados merecían tanto la pena como lo que acabamos enguyendo.

En definitiva, salimos bastante satisfechos. Cuando nos quedaba poco para acabar fue cuando comenzó en el piso bajo la actuación que habíamos visto en el letrero de la entrada, por lo que si alguien que lea ésto es además fan de ese tipo de música, pues ya sabe dónde puede ir. Pero vaya, que no es nuestro caso, así que no entraré a valorar esa parte.


C/ María de Guzmán Nº8

Publicado por Dain en 23:16 2 comentarios  

Etiquetas: Bar, Comidaza

O´Toxo

sábado, abril 4

Hace unas semanas la página Metropoli de la web de el periódico El Mundo sacaba un articulillo acerca de locales donde comer a base de cañas; esto es, a base de las tapas que te ponen gratuitamente al pedir una cerveza.
Tras llegar a nuestras manos dicha información, decidimos, en pos de nuestro afán investigador, acercarnos a aquellos locales en los que no nos habían visto aún beber como cosacos (aunque lo cierto es que la mayoría nos resultaba cuanto menos familiares, y al menos en la mitad de ellos ya nos habíamos “cogorciado” alguna que otra vez).

Y éste del que ahora hablaremos no es una excepción, aunque sólo en un tercio. Uno de nosotros ya había dejado su particular huella en él, pero en circunstancias muy diferentes a aquellas en las que nos presentamos el par de veces que nos hemos acercado desde entonces.
La localización de este bar no es excesivamente buena para salir de cañas. Se encuentra a una “ligéramente incómoda distancia andando cuando se tiene hambre” desde Legazpi, y cerca suya apenas hay nada destacable. Así que si uno se acerca allí, ya puede aprovechar y tirarse su buen tiempo vaciando vasos en este gallego.

Las cañas, las dobles cañas, los tercios... pues todo está a un precio normal. Vamos, que cuando hemos ido no es este punto el que nos ha llamado la atención. Tanto es así que... no tengo la menor idea de cuánto cuesta cada cosa, salvo las cañas, que son a 1.20 (gracias Metropoli...). Creo que la última vez nos pedimos 3 cañas y 9 dobles y nos cobraron unos 21 o 22 euros, pero no estoy muy seguro. Pero vaya, que lo dicho, ni barato ni caro, se adecúa a los parámetros estándar de la región.

Aunque... el artículo al que he hecho mención hablaba de otra cosa... ¡ah sí!, ¡comer a base de tapas!

Nos han servido una amplia gama de racioncillas cuando hemos ido. Desde unos hermosos y suculéntamente grasientos choricillos hasta un platito con 2 langostinos por cabeza pasando por buenos platos de patatas con carne u otros menos agradecidos de boquerones a la vinagreta con aceitunas. Lástima que en nuestras incursiones no hayan tenido el detalle de soltarnos un pedazo de la aparentemente cojonuda empanada que preparan (aunque n.S., que es el que ya conocía el sitio, dice que no es para tanto... pero tenía buena pinta). En ningún caso hemos pedido ninguna ración que debiérase luego ser abonada, y hemos salido “estomacalmente” satisfechos en nuestras dos visitas.
Así que... bueno, el sitio está bien. Suele acabar llenándose y, al ser ligeramente angosto, se hace difícil acomodar el trasero, e incluso poder estar tranquilo. Pero se bebe y come bien por poco dinero, y el género parece ser más que decente. Vamos, que es un buen local, lástima que esté a tomar por culo de todo...

Ahí, en medio de la nada el pobre...

C/ Bronce nº 35

Publicado por Dain en 0:04 2 comentarios  

Etiquetas: Bar, Comidaza

La Ría de Cedeira

jueves, enero 15

A colación del anterior artículo, he de decir que los aquí escribientes tenemos una marcada tendencia al nomadismo nocturno madrileño. Desde el comienzo de nuestras andaduras juergueriles y bastárdicas, es poco frecuente que, una vez nos citamos en algún lugar a alguna hora en concreto para comenzar con el despelote mental, sepamos exáctamente hacia donde dirigir nuestros cuerpos y almas. Alguno dirá que al infierno, pero eso es en esencia. Este hecho es, por una parte, una buena manera para, por ejemplo, descubrir nuevos sitios sobre los que escribir en un blog; por otra, nos ha llevado a situaciones en las que nuestro tiempo y paciencia se han perdido y desgastado respectivamente.

Pero, de tanto en tanto, que, lastimosamente, suele ser un período que comprende mayor tiempo del que a uno le gustaría, uno en sus venires y devenires por Madrid tiene la divina suerte de encontrar un nuevo lugar en que pensar que va a poder establecerse, al menos durante un tiempo, hasta que los precios suban y los servicios bajen en calidad.

La Ría de la Cedeira es un poco destacable en apariencia gallego situado entre Palos de la Frontera y Delicias. Cientos de veces habré pasado cerca de sus acogedores brazos, y nunca me había llamado la atención lo más mínimo (de hecho, generalmente nunca me había fijado en sitios gallegos por la creencia implícita de que lo más normal es que fueran de precio medio-alto, pero últimamente estoy descubriendo que es probable que estuviese equivocado). Lo que ocurre es que por circunstancias personales durante los últimos meses he regentado, no con excesiva frecuencia eso sí, una biblioteca cercana a este paraje cervecero, y que en esta biblioteca, tenía algún que otro compañero/a de fatigas, y que uno de esos compañeros de fatigas tenía la llave con la que poder vislumbrar la verdadera valía de este local.
Porque, vaya, estudiar no sé, pero beber cerveza se hace cuando se puede.

Aparentemente, un bareto más de Madrid

Aquí se viene a tomar cañas, y punto. Ni tercios, ni minis, ni jarras ni macetas, ni bidones, ni su santa madre. Que, bueno, lo que entienden aquí por caña es un vaso de tubo de cerveza. Sí, de esos en los que un conocido actor porno español no puede meter su instrumento de trabajo (segunda referencia que hago a él en este blog, por cierto; empiezo a preocuparme). Cada caña 1.30 céntimos. Cada caña, acompañada en su primera vez por dos "raciones de tapa" para cada comensal y en las sucesivas por una, también para cada ser de la mesa. De hecho, en ocasiones no es ni necesario que para recibir comida tenga uno mismo que volver a pedir otra caña; si tu compañero de fatigas termina antes, te muestra su desprecio por ello, y pide otra, es probable que con su ración de veneno líquido puedas llevarte algo más a la boca (con el consiguiente pago en dignidad).

La cerveza es Amstel. Ni apetitiva ni aversiva.
Lo que te pueden poner de rancho va desde pinchos cutrillos de fiambre (salchichón, chorizo, bacón... esas mierdecillas), a fritos cutrillos del estilo croqueta-empanadilla (de la sección de congelados que de toda la vida la madre de uno sólo le ponía cuando por cualquier motivo no le daba tiempo a hacerlas caseras; afortunadamente eran mínimas esas ocasiones), pasando por raciones de frutos secos, langostinos, mejillones y algún que otro marisco más, hasta, si uno tiene suerte, algún plato de patatas fritas (no de las industriales, de la de freidora) con albóndigacas (de las de lata mala, que tienen más grasas que hidratos y proteínas juntos), chistorraca, morcillaca, picadillaco o similaracos.
Es obvio que destaca más la cantidad que la calidad, pero se agradece. Vamos, hablando de manera relajada, que acabas como una puta bola.
De entre los extras a las simples cañas, mencionar el que por 4 de estos vasos del averno se pueda acceder a una especie de oferta realmente innecesaria salvo para aquel que hace de la gula un arte: una bandeja de considerable tamaño de patatas acompañadas de una de las múltiples opciones que ofrece la carta. Bebida y comida juntas 9 euros. Digo lo de innecesario porque sólo con lo de las cañas uno se alimenta de sobra.

Y que no nos paguen por hacer estos esfuerzos...

Destacar también a la camarera del local. Lo cierto es que es muy maja, incluso cariñosa, pero también lo es que tiene una excesiva tendencia a la invasión del espacio personal. Vamos, que como te descuides te pone la mano en el hombro, lo cual no a todo el mundo agrada. A mí no, desde luego.

C/ Vizcaya nº8. Como referencia espacial, tomando como base la calle Delicias, se encuentra en la perpendicular situada enfrente del sex-shop que andará por el número 80-90. Por sus luces de neón lo encontraréis.

Lo dicho antes, ¡es que no llama nada la atención!

Nota: cierra los sábados.

Publicado por Dain en 16:26 8 comentarios  

Etiquetas: Bar, Comidaza

Una temporada en el infierno

lunes, diciembre 22

"Antaño, si mal no recuerdo, mi vida era un festín donde corrían todos los vinos, donde se abrían todos los corazones."

Arthur Rimbaud, Une saison en enfer.

Si algún día la bastardía os afligue de tamaña forma que el mundo deja de carecer sentido y queréis pasar a una vida mejor, a un mundo sin demasiada entropía ni moral burguesoborracha... os deseo buena suerte. Si por otro lado, lo vuestro es la infamia, las malas maneras, la mentira inconsecuente y la sodomía intelectual, entonces leed lo que sigue, puesto que habéis encontrado la horma de vuestro zapato.

Los zombis invaden periódicamente el Lozan

A veces el continuo espacio tiempo se dobla para traer a nuestro inocente plano un cachito del abismo infernal. En este caso, este fragmento del Orco se llama Lozano. Sus dueños (presumiblemente Lucifer) han puesto una caja de cartón, puro atrezo, que recuerda bastante a un aire acondicionado, y que tapa la última letra del letrero nominal, en el que se lee "Lozan". Decadencia, miseria, colapso de la cultura judeocristiana.

La vaquita de la plancha,
único ser cándido de este paraje.

Allí llegamos, no piensen ustedes que por primera vez, después de tomarnos unas cervecitas en un sitio cuya decencia era cuestionable; la del Lozano no se puede cuestionar. Quizás cuando en su letrero se leía el nombre completo, sí. Ahora ya no le queda ni el más recóndito vestigio.
Su especialidad es la cervezaca, las patatacas y las hamburguesacas. Sus maneras son sutiles en lo burdo, delicadas en lo antihigiénico, esquisitas en el mal gusto. El olor uno se lo lleva pegado, no solo cuando sale, sino varios días después, como si del estigma cainita se tratase.

Aquí se ve el local en su plenitud.
No es demasiado grande, lo que salva a la humanidad.

Pues bien, ese sitio de perdición nos endujo a un estado enajenado del alma, y nuestras buenas intenciones pronto se trocaron en un ejemplo más de bastardía terrenal. Minis de cerveza en tiempo record, miradas lascivas a las parroquianas, estupideces supinas por doquier. Sí, amigos míos, el olor no es lo único que se le pega a uno en ese sitio, sino que la bastardía se cuela dentro de nuestros seres por simple ósmosis.

Encuentro casual del que escribe con las locales.

Pero esta no se va con una ducha, de hecho, la idea es que no se vaya. La bastardía es mala, pero es lo que nos gusta a nosotros. Un sitio indigno, a nuestra medida, que nos viene como un guante.
La dignidad es para las abuelitas con bastón, y allí no vi a ninguna.
Este sitio todo lo corrompe: los propósitos de año nuevo, las buenas intenciones, la acción cívica del día. Nada queda de todo eso cuando uno entra aquí y se come una hamburguesaca. Nada queda, excepto una incómoda pátina de grasa en el cielo de la boca y una sensación de indeleble corrupción.

Tanta bastardía impide todo tránsito de escaleras.

Eso es todo, amigos míos, hermanos en el pecado. Si queréis ir, a riesgo vuestro, este sitio está en una de esas roñosas calles que salen de la Plaza del Grial (curiosa ironía).
Es recomendable acudir con una hostia mojada en sangre de virgen, consagrada en un pentáculo impío frente a un macho cabrío negro.

Publicado por n.S. en 14:11 3 comentarios  

Etiquetas: Bareto, Comidaza

La Cervecería

sábado, diciembre 20

No, el título no hace referencia a algún lugar recóndito que hayamos encontrado al que hayamos decidido elevar a las alturas adjudicándole el título divino y preponderante de "La Cervecería". Nada más lejos de la realidad.

De hecho, es simplemente el poco original nombre del local con el que en algún día pasado su dueño decidió bautizar a este pequeño antro situado enfrente de la conocida zona de los bajos de Argüelles. Y bueno, llamar La Cervecería a un sitio que sólo sirve Amstel (y me suena que tercios de Heineken, que tampoco lo sé muy bien, y tampoco importa demasiado, ya que de cerveza tiene poco; también hay un cartelito a neones de Mahou, pero yo no he visto que la sirvan) es un tanto ofensivo para establecimientos especializados realmente en servir esta bebida. Quizá hubiera sido más adecuado algo como "El Bareto" o "La Tasca", nombres por otro lado bastante menos comerciales.

Pero no importa demasiado. Cuando en alguna de nuestras noches locas decidimos pasarnos por este antro, no es buscando deleitar nuestros gaznates con brebajes importados. Si por algo destaca La Cervecería es por sus hamburguesas. De acuerdo, no son maravillas. Pan, con carne recién hecha, con lechuga y algo de cebolla. El ketchup y la mostaza son de fácil acceso, se van pasando de comensal a comensal como si de sangre de Cristo habláramos. La salsa barbacoa según el "barón de la birraca" es más difícil de conseguir, y son pocos los elegidos para que el propio camarero te eche un poco de esta sustancia en tu afortunada porción de alimento.


Juro que intentamos hacer la foto cuando estaban enteras...

En cualquier caso, se agradece que por 4 euros te puedas trincar 3 de éstas tras haber estado gañaneando por las calles de nuestro querido Madrid. Obligatorio el acompañarlas al menos por un par de minis de cerveza, que son 7 euros, pese a ser uno de los sitios donde más reticencia muestro a beber por el mal sabor del líquido.
La cerveza es realmente horrenda. También ponen 2 minis de calimocho por 6.30, pero aún estando horrible, prefiero mi líquido dorado.

El sitio en sí, bueno, lo más seguro es que uno no se pueda sentar, suelen poner el deporte que haya en ese momento (con el consiguiente griterio "mastuercil" obligado), huele todo el rato a carnaza haciéndose en la parrilla (lo cual, si te gusta está muy bien, porque así la mañana siguiente podrás rememorar el ambiente del local aspirando tu propia ropa interior), por su situación la clientela es de lo más variopinta (ni buena ni mala, muy variada) y el baño es horripilante.



¿He dicho ya que venden carne y cerveza baratas? Pues eso, no se puede ir con la idea equivocada de buscar algo más, y ni siquiera que ambas cosas (o una de ellas) sea mínimamente decente. Aunque, bueno, según este cartelito que tienen colgado, también venden bocadillos:



No sabemos quién lo dibujaría ni con qué fin, pero es de lo más destacado del antro. Acojonante. Si alguien prueba alguno que lo comente y así nos lo ahorra a nosotros, pero imagino que estarán a la altura de las hamburguesas, esto es, grotescamente ricas e insanas.

La calle me resulta imposible encontrarla buscando en internet (probad a meter en google o en páginas especializadas en bares "la cervecería" y a ver qué os sale a vosotros, porque a mí en los 5 minutos que le he dedicado me ha resultado imposible), así que ya la pondré cuando me vuelva a encontrar en un estado lo suficientemente subhumano como para dejar que me vuelvan a llevar aquí. Eso sí, es fácil de encontrar (como ya he dicho, enfrente de los bajos de Argüelles). Suerte.


Una cucada de sitio

Publicado por Dain en 14:06 0 comentarios  

Etiquetas: Bareto, Comidaza

La Felicidad, crónica de un despiporre mujeril

miércoles, noviembre 26

Contextualicemos al lector.

Meses y meses de asistencia a una academia especializada en oposiciones MIR, PIR, FIR, BIR, DIR... X_IR, en definitiva.
25 mujeres, varias de ellas asegurando que ya no se acordaban de lo que era ir de cañas.
3 hombres. Sí, ellos sí que se acordaban de ese tipo de cosas.
Desafortunadamente, aunque sólo hasta cierto punto, la historia no trata acerca de una proeza sin parangón en aquellos hombres que no gocen de un aspecto simiesco y un rabo caballuno cuyo apellido rime con ojal. Nada más lejos. Recordaré aquí el principal tipo de artículos que los otros dos muchachos (que en esta ocasión no me acompañaron en esta aventura) y yo escribimos en este blog: cerveza en sitios cutres.

La Felicidad. Qué de cosas se me pasaron por la cabeza al oír que éste era el nombre del local donde "celebrar" el final de las clases. El selector de tan selecto sitio dio contundentes argumentos para que ésta fuera la decisión final: "se come y se bebe mucho por poco dinero". A mí con eso me bastaba. Ya me había ganado para la causa. Hubiera asesinado a aquel o aquella que hubiera propuesto un sitio tipo "Pizza Jardín" o aquel de los teléfonos que aborrezco. Yo ya estaba feliz preveyendo La Felicidad, saboreándola.

En principio, lo que a mis oídos llegó es que al ser un grupo cercano a la treintena nos reservarían toda la planta de abajo para nosotros. Finalmente no sucedió, y tuvimos que adoptar una configuración de mesas tipo pieza del Tetris que te acaba siempre dando por el ojete. No, la T no, la recta tampoco claro, el cubo siempre era útil. ¡¡¡La otra puta pieza!!! Sí, esa. Sigamos.
Bajamos las escaleras. El primer sujeto de nuestro grupo, un hombre. Tras él, 25 mujeres. Al verme a mí tras ellas, el camarero no tuvo más remedio que soltar varios exabruptos que hacían mención a los a partir de ese momento legendarios machos que atestaron aquello de tanta florecilla delicada. ¿He dicho delicada?, luego lo corrijo.

Pedimos la bebida, que la comida ya estaba encargada. Yo desconocía el proceso que se siguió, pero seguía siendo Feliz. ¿Sangría o cerveza?, a una mesa repleta de mujeres. Calculé el tiempo que tenía entre que el camarero soltó su pregunta y hasta que empezara a apuntar mediante una sencilla regla. 25 mujeres = 25 pares de senos = 25 puntos en los que aquel maravillado hombre gastaría un segundo de su vida. ¡A las trincheras!, pensé, e intenté ganar adeptas para la causa. ¡La cerveza es más sana!, con su dorado color tan mono, además, ¡la sangría es para los borrachos!, decía alguien a quien aquellas que le rodeaban le habían visto ingerir vasos y vasos de cerveza como un animal la semana anterior en otra celebración similar.

Total, que llegó una jarra al epicentro de la estructura. No tengo demasiado poder de convicción, pero me salva el ser un poco bastardo. Raudo, me apresuré a por ese recipiente con mi ansiado néctar. "Igual, si lo hago muy rápido, se piensan que soy el camarero, que retira la jarra por motivos de insalubridad". Al no ser éste el caso, tiré de otros recursos. Serví a las apenas 3 mujeres que querían ingerir lo mismo que yo, y dejé cerca, que no justo al lado, aquel monumento a la cebada.
Primer vaso, primer trago. Segundo vaso, segundo trago. No ahondaré en este punto.

La comida la iban trayendo siguiendo un complicado entramado lógico que aseguraba que en todo momento hubiese algo en la mesa que por su contenido lípico pudiese transparentar cualquier mantel, por muy de franela que fuese. Comimos croquetas, salchichas, lacón a la gallega, alitas de pollo, tortilla de patatas y... creo que no se me olvida nada más. Unos 3 platos de cada cosa me parece que traían, ¡pero ojo!, no lo sé seguro, es una estimación. Igual había más variedad o más platos de lo que he dicho o ambas, en cualquier caso, una buena cantidad de comida. Aquí va entonces la corrección a lo de flores delicadas anterior. Comer algo se convertía en una hecatombe, y más cuando uno estaba sentado en uno de los extremos de la pieza bastarda. Miraba con asombro cómo los tenedores se clavaban con fuerza en las piezas de cerámica volantes que por allí pululaban, con el consiguiente insoportable rechinar que hacía que un tipo sensible como yo acudiese a su amiga la birra con excesiva frecuencia.
Decir que también tienen espárragos a disposición de los comensales, ya que hubo a quien o no le convenció la comida o le apetecía que luego sus flujos olieran más fuerte de lo normal o simplemente como aquello se pagaba a escote ya se la picaba todo, que se pidió un plato que, ohhh, no compartió con toda la MESA sino sólamente con un par de personas.

Yo pedí otra jarra de cerveza.

La cuenta. 10,60 euros por cabeza que creo fueron finalmente 10,90 o así; pidieron una moneda de 2 euros por cada tercio aproximado de la mesa, y yo, debido a que alguien había proferido un "¡La cerveza está siempre allí!, vi adecuado ponerla entera de mi bolsillo.
Plato final por cuenta de la casa y la poca vergüenza, afortunadamente, de aquel que nos trajo a este lugar. Media botella de orujo y 3/4 de otra de pacharán para que brindáramos con un chupito por nuestra estancia en un sitio Feliz. Digamos que las botellas, no por voluntad mía, se quedaron a la altura de mis ojos tras ese primer chupito y ya no volvieron a sus casas para arropar a sus botellitas.

La Felicidad.




















Avenida Reina Victoria Nº19.
Nosotros fuimos desde la parada de metro de García Noblejas.

El resto de la fiesta no viene a cuento en esta entrada, pese a ser surrealista. ¡Jurl!

Publicado por Dain en 21:24 4 comentarios  

Etiquetas: Bareto, Comidaza

Una visita al Boñar (2)

sábado, octubre 25

21.00 de la noche. Argüelles. En la calle Andrés Mellado, un hambriento Jose Rodriguez se acerca, con el ánimo lleno y el estómago vacío, a dos tipos que, ilusos ellos, esperan pasar al ya comentado Rey de las Tortillas a recibir su dosis semanal de cerveza y carbohidrato.

Lo que sucede con las cosas que funcionan bien es que la evolución natural de ellas sea para mal. Estamos en España, y más concretamente en Madrid, esta ciudad de "Villa y Corte" donde, en muchas ocaciones, se deja ver la más rancia caspa castellana. Y ésta es mucha cuando afecta al folleteo y al gañaneo, dos de las funciones básicas del Ser Humano y por ende, dos campos de negocio.
Del folleteo hablamos otro día, porque lo que nos afectó ayer vino en el campo del gañaneo, en la "res vulga". Resulta que el dueño de El Rey, hostelero con solera, ha aprovechado un fenómeno que se ha dado en el antro en los últimos años: según las rayas de los peinados de la gente se iban torciendo hacia un lado d ela derecha, y según aparecían las pulseritas de España, los precios se han torcido, pero éstos hacia arriba. Sabia decisión por parte del viejo mesonera. Si los niñatos del CEU quieren bajar a la tierra, que paguen por ello. A mi me parece bien, pero no sucede lo mismo si tengo que pagarlo yo.
Así que, yo y mis dos pobres amigos, ávidos todos de desparrame cervecil. Nos encontramos con un antro petado de niñatos donde nos iban a clavar con gusto. Pensé (si, si) "estamos en una de esas situaciones en las que la violencia no arregla nada. Lástima". Y actué, y propuse: "chicos, este sitio apesta, vámonos al Boñar y asi lo conocéis"

Funestas palabras. Tras veinte minutos caminando y haciendo referencias caballerosas y de suma elegancia a la prima de uno de nosotros, llegamos al lugar. Yo ya sabía a lo que iba, ellos no. Quién haya visto "Abierto hasta el amanecer" puede imaginarse la escena: en vez de "chochos" se nos ofrecía cerveza y comida barata, a buen precio, aceptable. Así que, pasamos.

Tras unos pasos sorteando a los autóctonos, nos llegaron los primeros mensajes que nos debieron servir de alerta: "Hola chicos" desde la barra; "¿cuántos sois?" ante el Antro de la Bestia. Con júbilo y simpatía, respondí mientras me encaminaba hacia la sala principal. Tras viente minutos andando y sin haber comido, estaba feliz por llegar. Antes de pasar a la mesada que se abría a nuestra vista, un cochambroso parroquiano de bigote rancio amarillo y cara ajada por la ingesta de la baja calidad de los bienes en el Boñar consumidos, me sonrió mientras mirada, dejando ver sus únicos dientes caídos, perdidos en la negrura de su boca. Y en la de su alma.

"Al fondo a la izquierda" Vimos la mesa enclavada entre una principal y el rincón de la sala. Entramos en el Antro de la Bestia como Seth, Richard y el reverendo lo hacían en la Teta. Sólo que aquí si nos querían servir, de entrada. Así que tras ocupar nuestros sitios, vino el camarero: "Tres cervezas por favor". El tipo:


"así que queréis tres globos"

21.25 Nos sirven: primer estipendio gañanil. Tres jarras rancias de cerveza y unas alitas de pollo saladísimas y con limón por encima (???). El pelo que había en mi plato estaba por no ser yo cliente primerizo: una forma tan buena como otra de reconocerle a uno su veteranía.

Coruñés: "parece que estas alitas van a salir andando". Miradas a su falta de hombría. Comenzamos a tomar. Tras los piques y chanzas soeces la conversación continúa mientras observamos el paso lento de Ricardo y, poco después, su cara se torna roja y su palabra suelta y atrevida. Será la primera víctima.

Nos faltó para ver lo que se venía encima una Salma Hayek que se derramase cerveza por las piernas (casi que mejor) porque ya veíamos como la clientela del lugar empezaba a convertirse en entes demoniaco-gañanescos. Los comentarios bestialistas se extendían alrededor. Una gafapasta sentada en una mesa detrás de mi comenzó a reirse grotescamente mientras los sonidos de nuestro alrededor se convertían en ecos extraños. Ricardo empeoraba. Nosostros no queríamos, pero la esencia del Boñar nos hizo pedir más cerveza.

21.50 Segunda ronda: paella sin hacer, con arroz blanco y colorante en salsa amarilla que baña el fondo de un plato blanco como nuestras almas cándidas. El ambiente perfidioso del lugar nos está corrompiendo hasta el tuétano. Y su cerveza, pues el tamaño de las jarras de esta ronda es considerablemente mayor que la anterior. Reto a mis amigos: "No tienes HUEVOS a beberte eso de un trago". El coruñés, buen norteño, responde y lo consigue. Ricardo empieza a la vez que yo pero le corto para desconcentrarle. Sabia táctica. Reanudo mi afonamiento y la cerveza cae por mi gaznate. Ricardo no puede y acelera su descenso a los Infiernos.



¿Cómo que la paella está sin hacer?

22. 15 Tercera ronda: Un pescado de apariencia dudosa sería nuestra tercera tapa. ¿La sería? Coruñés y yo observamos como un abotargado Ricardo nos empieza a decir incoherencias

¿Qué decíais de mi prima?

Tras ver el pescado y la situación de Ricardo, Coruñés y yo pensamos: "hay que salir de aquí". Damos cuenta de nuestra cerveza lo más rápido posible mientras viene el Asmodeo del lugar a preguntar, esto es, el jefe. "Os falta algo". Nos faltaba el alma y la voluntad. A Ricardo más cosas. Pedimos la cuenta y pagamos, salimos rápido. No pensamos, no decimos nada. Sólo andamos, sólo nos retiramos. Rápido, sin mirar atrás. El Boñar nos ha vencido. Tres víctimas más: no nos teníamos en pie a la salida.


Publicado por Jose Rodríguez en 11:25 3 comentarios  

Etiquetas: Bareto, Comidaza

La Taberna de la Brújula

viernes, septiembre 19

Éste es el nombre que tiene actualmente un archiconocido bar en Fuenlabrada, el anterior Taberna del Picalagartos. Hay que decir que con el nombre no cambió lo excepcional del local: la cantidad de las tapas, su calidad precio y la novedad: se dan por consumición, no por ronda. El cliente además puede elegir entre varios aperitivos, entre eso y el precio, bastante barato, es un buen lugar donde ir a tomar algunas cervezas y salir cenado, comido o lo que se tercie.

El lugar no destaca demasiado, sería como cualquier bar del sur de la zona si no fuese por su clientela, al estar al lado de la zona universitaria y en el cruce entre una zona de institutos y de compras, hace que la Brújula esté a rebosar en más de una ocasión y con gente generalmente joven. En verano se dejan ver las familias en la terraza y en invierno las parejas veinteañeras que hacen tiempo antes de cualquier otro plan.

En cuanto a los aperitivos. La tapa estrella es la hamburguesa, por poco más de un euro te llevas un trozo de carne en pan, con lechuga, con mejor sabor que las de cualquier Burguer King o McDonalds. Invitan a repetir y enganchan clientes con mucha facilidad: quién las prueba, vuelve. Por lo demás: variedad: calamares, bravas, pincho de sepia, morunos, nuggets...

Lo malo del local: es muy pequeño, lo que hace que en invierno siempre esté lleno. Las mesas están apretadas entre sí y el espacio es reducido, lo cuál hizo que los dueños “eligiesen” el autoservicio, vamos, tú tienes que pedir en barra y llevar las cosas a la mesas. En cuanto a las tapas; la hamburguesa es la que destaca por encima de los demás, y a mucha distancia ciertamente, ya que las cantidades de otras raciones como patatas bravas, ali-oli, calamares y similares, deja bastante que desear.

Para acabar, se dice que recientemente uno de sus camareros tuvo un mal viaje con setas alucinógenas y creyendo que podía volar, se lanzó por la ventana. Pero si vosotros queréis dejar volar vuestro paladar sin que la cartera os haga de lastre, acercaos a la Taberna de la Brújula.

Publicado por Jose Rodríguez en 11:53 0 comentarios  

Etiquetas: Bar, Comidaza

Una visita al Boñar

domingo, septiembre 14

"Quillo, esto que van cuatro madrileños, una polaca, un portugués, una coreana y una taiwanesa..." y no, no es el principio de un chiste malo, si no la compañía que formamos varios valerosos seres, cada uno venido de donde su madre y padre decidieron engendrarle, para afrontar la ardua misión de penetrar y sobrevivir en las terroríficas y hediondas mazmorras del oscuro señor Boñar I de León.
Nuestro objetivo, paladear el langostino paellero único, aquél que devolvería el brillo a los suelos del baño del temible Boñar I, aquél que haría retomar a los orcos de grotesco hablar su vida de felices campesinos, aquél que provocaría que el sol purificase las costras de sus muros.

Ejem... ejem... voy a hablar de una visita que hicimos el otro día en la noche en blanco a este local, así que no lo voy a describir demasiado ni voy a contar lo que hemos podido ver o hacer otros días que esté relacionado con el Boñar (sobre motos, tuppers, yonkis y demás otro día).
Bueno, de todos modos, si uno ha ido al Boñar podrá intuir por donde iba la introducción de esta entrada.

Entramos y al rato nos consiguieron una mesa en el comedor para los ocho que éramos, habiéndoles avisado de antemano que nuestras intenciones estaban muy alejadas de aquello que siginificase tener que pagar algo que no fueran las cervezas. Pero el español es por naturaleza pillo, y a nosotros nos vieron cara de pardillos. ¿Y qué se hace en estas situaciones?, pues ver si la pobre víctima pica.
He de decir que lo veo natural. Recordaré que en este sitio por cada jarra, o caña según me han dicho (es que nosotros nunca hemos pedido una, y si la hemos pedido nos han servido una jarra), te sirven uno, o incluso dos, platos enormes de comida para cebarte, y de forma totalmente gratuita. Y claro, no todo el mundo quizá lo sepa, y si en el grupo ves gente a la que seguro catalogaron como "guiris", pensarían que podrían intentar sacarnos pasta. ¡Ja!.
Luego además echas un vistazo a la carta y ya atas cabos. Como tuvieran que esperar a que la gente comiese lo que come en este sitio pagando cada cosa, iban de culo.

Volviendo a la historia. Una vez sentados y provistos de bebida, nos preguntaron cortésmente si íbamos a querer algo de comer. Decididos, les respondimos con un no rotundo a modo de farol; que no pagaríamos nada era nuestra consigna, y quien no la siguiera, pondría en duda su virilidad.
Mientras tanto, por primera vez conseguimos ver el famoso cocido del Boñar. Pero eso también se convertirá en una futura entrada de este blog.

Pasados unos minutos, y con nuestros estómagos en contra de nuestra voluntad, vemos al camarero traer dos platos. ¡Bien, han cedido!, creemos, ingenuos. Sendos recipientes estaban llenos de rancias patatas fritas de bolsa. ¿No ponían paella?, pregunta una de las chicas no patrias que nos acompañaban, mientras se lleva una triste patata a la boca. Nosotros, anfitriones de la noche madrileña, nos miramos, abochornados, pero aún con esperanza.
Los camareros vuelven a la carga. Nos ponen a cada uno un cuchillo y un tenedor para las patatas, y nos repiten si vamos a pedir algo. Yo, que ya estaba intentando coger una patata con el tenedor, previo paso de haberle intentado quitar algo de roña al instrumento, contesto que no, que así estaba bien. Segundo farol de la noche. El camarero nos recita todo lo que podemos pedir, e incluso provee de piropos a una de nuestras acompañantes. Insistimos en nuestra negativa.

Siguen sucediéndose los minutos. Nacho y yo estamos desesperadamente hambrientos, y pensamos en pedir unas patatas bravas. Vuelve el camarero a decirnos que si estábamos seguros de no querer nada, que la cocina iba a cerrar. Llorosos, compungidos, a punto de tirar la toalla, somos rescatados moralmente por mi hermano. En volandas de su asceticismo, conseguimos aguantar lo que sería la última prueba, aquella que nos llevaría al Olimpo de los manj... de la pitanza.
Et, voilá!, platos y platos de comidaza fueron llegando a nuestra mesa. En concreto: 3 platos de pollo al ajillo, 2 de ensalada, 2 de paella y 1 de pescado frito. Y cuando digo platos, casi habría de decir bandejas, de la cantidad de alimento que cada una portaba.
Sobre la calidad de las mismas, lo dicho antes, en la crítica al sitio. No es cuestión de descubrir todos los secretos del Boñar de una vez.

A modo anecdótico, decir que lo que era el pollo al ajillo al principio pensábamos que era conejo. Luego, al descubrir Nacho un ala, ya empezamos a sospechar. Un poco después, al presentarnos otro plato un camarero como faisán, ya llegamos al cachondeo. Finalmente, llegamos a la conclusión de que, fuera paloma o pollo, era una ración lo suficientemente grande como para no quejarse, así que seguimos comiendo tan contentos.
En total, doce jarras de cerveza, más una de limón que no cobraron, más ocho platos de comida, más dos de patatas: 36 euros.

Y esto, amigos, es el Boñar de León.

Y nuestros héroes consiguieron salir con vida de aquel infesto lugar, si bien para conseguirlo, hubieron de sufrir horribles deformaciones como atestigua la imagen


P.D.: C/ Cruz Verde 16, esto es, desde Gran Vía se coge San Bernardo, y al llegar a la Sauna Azul se introduce uno en la siguiente callejuela a la derecha. Si hace buen tiempo se verá la terracita ahí montada.

Publicado por Dain en 19:48 2 comentarios  

Etiquetas: Bareto, Comidaza

El Rey de las Tortillas

miércoles, julio 23

Los dioses del Olimpo siempre, o casi siempre , fueron doce. El "núcleo duro", por asi decir: Zeus, Artemisa, Hermes, Hera, Poseidón....hasta sumar diez deidades diferentes que tuvieron un posición privilegiada para hacer y deshacer, pencar y despencar a los mortales. A ellos se les sumaron, según la época, Hades, Hefesto o Dionisio.

El lugar del que voy a hablaros hoy es a los antros inmundos, al menos, lo que Poseidón al panteón griego: no es el mejor, ni el principal, ni acudir a él es impepinable pero, por recuerdos y cogorzas allí cogidas, se equipara al Padre de Todos los Dioses y se acerca a él en importancia. Hablo de EL Rey de las Tortillas.



Poseidón era hermano de Zeus, y cuando ambos se repartieron el mundo, el colega de los mares se quedó con eso mismo. Al Rey debemos reconocerle el control de los mares...de cerveza, o de calimocho, para paladares menos burdos y gustos más refinados. Y es que el sitio, en cuanto a bebida, da eso: mares y riadas de alcoholazo de la peor calidad, pero cuya oferta es mejorada por la cantidad del mismo. No es que sea jauja los metros cúbicos que se pueden pedir de las pérfidas bebidas, el precio no lo permite, pero sí sus raciones: por 3 euros una de patatas mixtas, esto es, alioli y brava, que resucitan a Lázaro a la vez que matan nuestra flora intestinal. Y es que la comida, por cantidad, no está mal, es indigesta eso sí, pero se agradece cuando tienes ante ti a un coloso de 3 litros de cerveza.



He visto a hombretones sudar y acabar vomitando tras encara la ingesta de uno de estos enormes tubos de licor, sin las preciadas patatas. Éstas son, pues, a los metros de alcohol que allì se sirven, lo que el limón y la sal al tequila: te lo puedes beber sólo, pero mejor si lo acompañas con estas dos cosas. y aquí lo bueno: a cada metro, una ración de estas patatas, gratis.

Esto es lo más destacado del Rey: sus metros y sus patatas, pero la versatilidad de comida y bebida que ofrece, a precios razonables, le hacen ser uno de los mejores cuchitriles para acabar desparramando un poco. A las mencioandas patatas se le unen las tortillas. Quien haya visto "Abierto hasta el amanececer" recuerda la lista de manjares femeninos que ofrecía el puerta del local ("coños mordedores, coños amarillos, negros..."); la oferta del omelette patrio es similar: las tortillas son de huevina, patata y...atún, chorizo, morcilla, jamón...y de varias cosas que se pueden imaginar fácilmente. El precio es razonable, unos 4 euros por una torta de patata, huevo y algo más, a compartir entre varios, no es ninguna locura. Ah, también las hay con salsas, no olvidéis probar la llamada "salsa tropical", nadie sabe qué es. Adivinadlo.

La oferta de bebida, bueno, es variadilla, yo sólo tomé una vez un mini ya que de haberlo hecho más veces dudaría de mi virilidad, pero éstos valen unos 3 euros, algo más y, bueno, salen más caros que los metros de cerveza, de 15, pero con unos 3 litros. Las cañas, tubos, tercios...tienen precio razonable, parecidos a otros bares de la zona. Los bocatas y raciones de algo que no sean patatas son como el Atlántico hace 2500 años: conocemos las tranquilas y cerveciles aguas de nuestras costas mediterráneas, para qué ir más allá. El Dios Poseidón-Rey nos protege y ayuda con sus metros, para qué le ibamos a enfadar...

En fin, si quieres ir de desparrame por Argüelles y te apetece empezar comiendo algo, EL Rey de las Tortillas, en Andrés Mellado 16, es uno de los mejores sitios donde puedes ir. Ánimo y allí nos vemos.




Publicado por Jose Rodríguez en 11:33 3 comentarios  

Etiquetas: Bar, Cerveza, Comidaza

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