La bastardía no me ha dejado escribir durante más de un mes: es así. No he escrito porque mi moral ha degenerado hasta el punto de congelación. Pido disculpas a mis lectores, si es que tengo alguno. A los demás me imagino que les da igual.
Sí, la bastardía se ha enseñoreado de mi alma, si es que también tengo alguna, y, unido a ciertas cuestiones que no se pueden escribir en un blog público, no he escrito nada. Ahora estoy preparando un post que narre nuestras descomunales y tremendas aventuras en Rumanía; sin embargo, mientra tanto, y como demostración empírica de la bastardía que inunda mi persona, propongo que los que lean esto introduzcan "bastardía" en google images y vean cuál es la séptima imagen.
Nos vemos muy pronto.
La Bastardía no me ha dejado escribir.
miércoles, abril 15
Publicado por n.S. en 17:23 3 comentarios
Etiquetas: Locura
El café de Sherezade
lunes, abril 13
Publicado por Jose Rodríguez en 11:03 0 comentarios
Etiquetas: Tetería
O´Toxo
sábado, abril 4
Hace unas semanas la página Metropoli de la web de el periódico El Mundo sacaba un articulillo acerca de locales donde comer a base de cañas; esto es, a base de las tapas que te ponen gratuitamente al pedir una cerveza.
Tras llegar a nuestras manos dicha información, decidimos, en pos de nuestro afán investigador, acercarnos a aquellos locales en los que no nos habían visto aún beber como cosacos (aunque lo cierto es que la mayoría nos resultaba cuanto menos familiares, y al menos en la mitad de ellos ya nos habíamos “cogorciado” alguna que otra vez).
Y éste del que ahora hablaremos no es una excepción, aunque sólo en un tercio. Uno de nosotros ya había dejado su particular huella en él, pero en circunstancias muy diferentes a aquellas en las que nos presentamos el par de veces que nos hemos acercado desde entonces.
La localización de este bar no es excesivamente buena para salir de cañas. Se encuentra a una “ligéramente incómoda distancia andando cuando se tiene hambre” desde Legazpi, y cerca suya apenas hay nada destacable. Así que si uno se acerca allí, ya puede aprovechar y tirarse su buen tiempo vaciando vasos en este gallego.
Las cañas, las dobles cañas, los tercios... pues todo está a un precio normal. Vamos, que cuando hemos ido no es este punto el que nos ha llamado la atención. Tanto es así que... no tengo la menor idea de cuánto cuesta cada cosa, salvo las cañas, que son a 1.20 (gracias Metropoli...). Creo que la última vez nos pedimos 3 cañas y 9 dobles y nos cobraron unos 21 o 22 euros, pero no estoy muy seguro. Pero vaya, que lo dicho, ni barato ni caro, se adecúa a los parámetros estándar de la región.
Aunque... el artículo al que he hecho mención hablaba de otra cosa... ¡ah sí!, ¡comer a base de tapas!
Nos han servido una amplia gama de racioncillas cuando hemos ido. Desde unos hermosos y suculéntamente grasientos choricillos hasta un platito con 2 langostinos por cabeza pasando por buenos platos de patatas con carne u otros menos agradecidos de boquerones a la vinagreta con aceitunas. Lástima que en nuestras incursiones no hayan tenido el detalle de soltarnos un pedazo de la aparentemente cojonuda empanada que preparan (aunque n.S., que es el que ya conocía el sitio, dice que no es para tanto... pero tenía buena pinta). En ningún caso hemos pedido ninguna ración que debiérase luego ser abonada, y hemos salido “estomacalmente” satisfechos en nuestras dos visitas.
Así que... bueno, el sitio está bien. Suele acabar llenándose y, al ser ligeramente angosto, se hace difícil acomodar el trasero, e incluso poder estar tranquilo. Pero se bebe y come bien por poco dinero, y el género parece ser más que decente. Vamos, que es un buen local, lástima que esté a tomar por culo de todo...
C/ Bronce nº 35
Publicado por Dain en 0:04 2 comentarios
Miyama Castellana
lunes, marzo 30

Este restaurante, primo hermano (o algo similar) del Miyama de la calle Flor Baja, abrió sus puertas a principios de este año en Madrid. Ante la tesitura de querer invitar a una amiga a un japonés en Madrid, y moviéndome exclusívamente por mi instinto (que no siempre me lleva a acertar) decidí acudir a este local. Lo cierto es que la decisión fue dura, pues en otra página de la que soy asiduo he podido leer opiniones de gente que parecía saber muy bien de qué hablaba y que ponía por las nubes a otros japoneses de esta ciudad; y de éste apenas había encontrado un par de breves referencias por internet.
Pero, lo dicho, era mi instinto contra mi racionalidad, y en mi persona suele ganar el primero.
Aclararé aquí que no soy un asiduo a los japoneses, y por tanto mi crítica debe ser tomada como la de un pseudo-novatillo que gusta de vez en cuando de disfrutar de este tipo de comida. Así que imploro comprensión ante las posibles barbaridades que pueda escribir a continuación.
Yendo a lo que es el sitio en sí, he de decir que salí bastante conforme de la cena. Mi acompañante y yo pedimos los siguientes platos: Tempura de langostinos, bacalao negro (guindara), un surtido de 7 tipos de sashimi y varios nigiri sushi.
La tempura, a mi gusto, bastante destacable. La ración incluía 7 piezas, fueron XX euros. Siendo basto diré que eran "bien hermosas las jodías".
El bacalao negro merece desde luego ser pedido. No recuerdo exactamente cual era el nombre del plato, pero estaba cocinado a la plancha y venía acompañado de un par de pimientos de padrón (que afortunadamente no picaron). XX euros. (Ojo a lo frikesko del asunto, mi amiga y yo coincidimos en que el plato sabía a croqueta de atún. Acojonante.)
El surtido de 7 tipos de sashimi estaba presentado en una fuente bien llamativa. Un gran bol relleno de hielo y decorado con diferentes piececillas, todo muy cuco. Como no sabíamos exactamente qué tipo de pescado era cada bocado, le preguntamos a uno de los camareros, que, como tampoco estaba muy seguro, pidió ayuda al encargado y éste se prestó amablemente a indicarnos. Salmón, Toro, Atún, Pez limón, Buey de mar, Gamba roja y... no recuerdo el otro. El Toro cojonudo, se derretía en la boca. XX euros.
Los nigiri sushi que pedimos fueron de: Toro (Xe), Anguila (Xe), Vieira (Xe), Langostino crudo (Xe) y Salmón (Xe). El de Vieira era una jodida delicia. Comentar que en vez de salmón en un principio pedimos erizo de mar, pero por un problemilla que tuvieron la semana pasada no pudo ser.
Poder ver cómo te preparan el sushi siempre se agradece
De postre comimos haromaki de chocolate y tempura de frutas. Ambas correctas.
La carta de vinos estaba bien, y más para alguien como yo que no sabe de vinos. Acabamos pidiendo un Naia 2007 (D.O. Rueda), aunque el encargado nos recomendó al oírme un Naiara, que no acabé pidiendo básicamente porque ya no tenía la carta delante y temía que la recomendación saliera muy cara.
Con el postre nos sirvieron por cortesía de la casa una copa de vino reforzado.
Ah, se me olvidaba, Kirin Ichiban de barril como cerveza. Yo ya la conocía y a mí personalmente me gusta, así que perfecto.
El servicio estuvo atento todo el tiempo y en ningún momento se olvidaron de nosotros. Quizá influyó que sobre todo al principio, por ser un poco pronto, no había mucha gente, pero conforme pasaba el tiempo el local fue recibiendo más clientela y no notamos mucha diferencia. También he de decir que en lo relativo a la apariencia, quedé bastante conforme. La decoración me resultó bastante sobria, sin estridencias, destacando la madera sobre otros posibles elementos.
La cuenta finalmente ascendió a XXXeuros, lo cual fue quizá un poquillo más caro de lo que en principio esperaba. Pero quedé bastante satisfecho, y supongo que eso es lo más importante. Bueno, miento. Mi acompañante también pareció quedar bastante satisfecha, y eso sí que era lo más importante.
Como he comentado antes, acudí al restaurante sin saber muy bien qué me iba a encontrar, pero no a ciegas completamente. Miré antes la carta del otro Miyama, suponiendo que sería parecido. Y, efectivamente, hay varios platos que se encuentran en ambos locales, pero también otros que no. Por ejemplo, yo iba pensando en pedir el Dragon Maki, pero no pudo ser.
El Miyama New Style Sushi sí que estaba, pero yo soy de los que lo prefieren a la antigua usanza.
Hablando estrictamente de la carta de sushis, he de decir que no es excesivamente amplia. Unos 12 tipos creo recordar, cuando, por ejemplo, creo que en otros restaurantes como el Kabuki cuentan con unos cuantos más (que era uno a los que pensé en ir, pero que finalmente descarté, no sé muy bien cómo). Pero, ciñéndome a la calidad del pescado, no tengo ninguna queja. Es más, todo son alabanzas.
Y poco más puedo decir. Habría hecho fotos a los platos, pero, sinceramente, me daba un poco de vergüenza.
En resumen, abreviando mucho mucho, pues que recomiendo visitar este local.
Nota: esta crítica la escribí para la página 11870, pero aquí no quería que salieran los precios. Para verlo sin "censura" dirigirse a esa página. Menos tú, que no quiero que los veas.
Publicado por Dain en 13:50 2 comentarios
Etiquetas: Restaurante
Guía de teterías en Madrid
sábado, marzo 7
Uno de los efectos más notables y beneficiosos de lo que ahora se llama "globalización" es la importación de ciertos hábitos y costumbres de culturas ajenas a la nuestra occidental. Un fenómeno que destaca de esa nueva particularidad que salpica todos los rincones de Madrid es la proliferación de las llamadas teterías.
Una tetería no sólo es un lugar donde tomar tés. Y muchas veces estos locales no destacan por la variedad de estas infusiones. Igual que en una whiskeria puedes hacer cosas más variadas que tomar whisky; una tetería ofrece más que té. La mayoría destacan por el ambiente distendido y, a menudo tranquilo y afable, que en general puedes encontrar.
Digo en general porque algunas de ellas tienen espectáculos en directo, o sencillamente, tratan de mimetizar su ambiente al de otros locales de la zona donde se ubican. Véase Huertas. Sin más perífrasis: el producto estrella de una tetería son las cachimbas. No hay que confundir este artilugio, la cachimba, con el producto que contiene: ghila, shisha, hookah...y que es ofertado. Una cosa es una cachimba y otra distinta una shisha, esto es: una cachimba lista para ser usada. La cachimba es el continente y la shisha el contenido.
Y digo que es el producto estrella por algo sencillo: la mayoría de la gente va allí a consumirlo. Tés hay en muchos sitios, shishas no. Esto es así hasta el punto de que en muchos sitios no te dejan consumir nada si no pides una de éstas. Este blog va a dar comentar en las próximas semanas alguno de tantos sitios que hay por Madrid para degustar el suave sabor del tabaco almizclado y el disfrute de esta oriental costumbre.
Si quereis saber más sobre esto: http://www.clubshisha.net/
Publicado por Jose Rodríguez en 16:41 0 comentarios
Etiquetas: Tetería
Bacanal castiza
martes, febrero 10
He aquí el investigador de este blog con otra recherche sociológica sobre esa criatura tan extraña, el ser humano. En este caso se trata de una investigación sobre una de las costumbres más antiguas, la de la bacanal.
Una bacanal no es cualquier orgía. Además tiene que haber desenfreno y locura en cantidades consecuentes. Se cuenta que Baco llegó del este con una nueva religión, uno de cuyos misterios era una fiesta totalmente desparramada, máximo exponente del despiporre en aquellos tiempos. De hecho, la fiesta llegaba a salirse tanto de madre que llegaba a ser peligrosa. Encontrarse con las bacantes sin estar en la bacanal suponía que hiciesen con uno lo que les viniese en gana. Si alguien está pensando en que se tiene que parecer mucho a encontrarse con un autobús lleno de británicas en estado etílico celebrando una despedida de soltera se estará acercando al concepto, pero hay que pensar que mucha gente acababa esas noches visitando el Erebo. Y si alguien se está imaginando a Baco como una especie de Pocholo místico, tampoco va muy desencaminado.
Dejando a parte tonterías, las bacanales fueron perseguidas por los muy serios señores del senado romano, y finalmente finiquitadas por la sagrada iglesia catolica, y sustituidas por el carnaval. Lo que se había hecho era restringir al máximo la farra bacanal y sustituirla por una fiesta de inversión, en la que se podía dar la vuelta al orden social establecido, aunque, eso sí, solo una vez al año, bien lejos de los gobernantes y bajo el ojo de la policía (¿os suena de algo? ¿2 de Mayo?)
Lector, si has llegado hasta aquí, te agradezco tu paciencia... veamos lo que sucede en Madrid.
Más allá del carnaval y el día de noche vieja, festividades oficiales, y por lo tanto no-báquicas, se ha ido produciendo un extraño fenómeno los últimos años. La gente va a la Puerta del Sol el día 30 de diciembre y hace... lo que hace. Lo más parecido que he visto nunca a una verdadera bacanal.
¿Cuánta gente había? Oí que más de un millón de personas. Todas ellas frotándose las unas contra las otras. Mucho. Y muy ebrias. Cuando intentamos entrar miré hacia atrás y les dije a mis compinches: "genial, vamos a frotar la cebolleta". Me miraron como a un loco.
¿Cuál era el motivo de esta insensatez? Eso es lo mejor de todo: no lo había. No era una fecha marcada, no era nada, la gente lo hacía PORQUE SÍ. Había espíritu de bacanal. La gente estaba ahí siguiendo una especie de creencia religiosa, la de emborracharse, y punto. Como no era una fecha oficial, lo que se estaba haciendo no era del todo lícito, pero la fuerza de la masa había hecho que la policía aceptara el hecho, y colaborara... Lo único que impedía era pasar a la Puerta del Sol con bebidas embotelladas o enlatadas, cosa que yo hice, porque había tanta gente que nisiquiera era posible parar a los que entraban o los que salían, ya que íbamos arrastrados por el poder del tumulto. Era la abolición del individuo y la colectivización del espíritu.
Antes habíamos estado tomando unas cervezas en Callao (que hasta ahí llegaba la cosa), y justo con las campanadas, que por cierto no fuimos capaces de escuchar, estábamos tratando de entrar en Sol. Cierto que ese momento lo pasamos un poco mal, porque había demasiada gente, pero a los diez minutos, cuando eso se empezaba a vaciar, encontramos un metro cuadrado al lado de la heladería Palazzo y allí nos hicimos fuertes. Fue en aquel momento cuando me di cuenta de que estábamos en una bacanal. No era solo el alcohol; el estar con tantísima gente, donde todo el mundo tenía una sola intención, la de emborracharse, creaba una especie de energía que me llamaba a la farra. ¡Evohé!
Por desgracia, creo que era el único de los drugos al que le afectó la situación de esa manera. Los demás estaban jodidos por haber tenido que restregarse con la multitud, además de un poco molestos por la cantidad de líquidos desconocidos que nos habían echado desde las ventanas y la espuma de bote con la que nos había duchado un cachondo.
Allí nos vemos...
Publicado por n.S. en 10:37 0 comentarios
Etiquetas: Locura
"No se adecúa al perfil que estamos buscando"
miércoles, febrero 4
Dos sitios totalmente diferentes, pero con una similitud: no es lo que pretendemos encontrar cuando salimos buscando cerveza.
Free Way
El local está bastante bien, es espacioso, agradable y relativamente cómodo. La música gustará a la mayoría de los que salen por la zona en la que está (imagino; a mí en particular no me desagradó, lo cual ya es un logro). El servicio hasta lo catalogaría de simpaticón. Probablemente los fines de semana haya gente de todo tipo. Sirven Foster´s. Todo son puntos positivos.
¿Cuál es el problema?, bueno, no es un sitio al que ir a beber cerveza a mansalva, simplemente. La pinta de Foster´s son 5 euros (cuando nos enteramos de que debíamos pagar 30 euros por 6 pintas imagino que en nuestras caras cualquiera podría leer que era algo que no esperábamos). No preguntamos por si tenían más en botella, pero de grifo sólo servían la australiana y una de las más conocidas de marca española, lo cual ya me llamó la atención desde el principio.
Y, bueno, es que a escasos metros hay un irlandés, de aspecto bastante parecido, en el que poder encontrar mayor variedad de cervezas a menor precio. Pero es otro rollo, claro. Como local prefiero este Free Way, si lo que quiero es beber cerveza mejor el irlandés.
Es un sitio al que probablemente vaya a volver (lo curioso es que nunca me había adentrado en él, no sé muy bien por qué razón), pero en un plan diferente.
Al lado de Tribunal, C/ San Vicente Ferrer nº7
El Económico
Este sí que no tiene perdón de Dios. No sé cómo cojones me dio por pasar a un sitio con ese nombre. Caro, comida mediocre, nos atendió un camarero que hizo básicamente dos cosas: comunicarnos que no tenían lo que íbamos pidiendo (ocurrió hasta con 3 platos distintos, ¡y ninguno era mínimamente extraño!, aunque supongo que sería un mal día...) e intentar burdamente que le encargásemos lo más caro de la carta, amén de mientras comíamos venir a preguntarnos directamente si queríamos más platos, o de otros pequeños detalles que por separado pasas por alto pero que todos juntos llegan a crisparte ligeramente.
La visita en la que me baso ocurrió hace unos cuantos meses, en pleno comienzo de "la crisis económica". Pues bien, cómo un lugar cuyo letrero trata de engañar a los pobres transeuntes no iba a tratar de aprovecharse de este hecho. Desconozco si permanece vigente, y lo cierto es que no tengo tanta malicia ni tanto ímpetu informativo como para apuntar exáctamente en qué consistía, pero daría mi testículo derecho a que básicamente se trataba de "Ven a cenar en el económico 4 días de la misma semana y te invitamos al quinto".
En cualquier caso, aseguro que la ofertilla tenía truco y no salía precisamente barato.
Llegamos a las 20:15 y la cocina no abría hasta las 21:00, así que hicimos tiempo a base de tercios. Ni una mísera tapa, claro. La ración más barata es la de patatas gajo, a 5.50. Como he comentado antes, bastante mediocre. Las fajitas de pollo y ternera con guacamole 8 euros, y éstas ni siquiera llegaban a la catalogación del anterior plato. Las tostas, a 3.60, tampoco eran destacables precisamente.
Tengo muy mal recuerdo de este sitio, y no volvería para comprobar si tuve un día demasiado exigente. Pero como me fío de mis impresiones, directamente lo tacho de mi lista de opciones nocturnas.
Por Lavapiés, C/ Argumosa nº9
Publicado por Dain en 22:42 3 comentarios
La Ría de Cedeira
jueves, enero 15
A colación del anterior artículo, he de decir que los aquí escribientes tenemos una marcada tendencia al nomadismo nocturno madrileño. Desde el comienzo de nuestras andaduras juergueriles y bastárdicas, es poco frecuente que, una vez nos citamos en algún lugar a alguna hora en concreto para comenzar con el despelote mental, sepamos exáctamente hacia donde dirigir nuestros cuerpos y almas. Alguno dirá que al infierno, pero eso es en esencia. Este hecho es, por una parte, una buena manera para, por ejemplo, descubrir nuevos sitios sobre los que escribir en un blog; por otra, nos ha llevado a situaciones en las que nuestro tiempo y paciencia se han perdido y desgastado respectivamente.
Pero, de tanto en tanto, que, lastimosamente, suele ser un período que comprende mayor tiempo del que a uno le gustaría, uno en sus venires y devenires por Madrid tiene la divina suerte de encontrar un nuevo lugar en que pensar que va a poder establecerse, al menos durante un tiempo, hasta que los precios suban y los servicios bajen en calidad.
La Ría de la Cedeira es un poco destacable en apariencia gallego situado entre Palos de la Frontera y Delicias. Cientos de veces habré pasado cerca de sus acogedores brazos, y nunca me había llamado la atención lo más mínimo (de hecho, generalmente nunca me había fijado en sitios gallegos por la creencia implícita de que lo más normal es que fueran de precio medio-alto, pero últimamente estoy descubriendo que es probable que estuviese equivocado). Lo que ocurre es que por circunstancias personales durante los últimos meses he regentado, no con excesiva frecuencia eso sí, una biblioteca cercana a este paraje cervecero, y que en esta biblioteca, tenía algún que otro compañero/a de fatigas, y que uno de esos compañeros de fatigas tenía la llave con la que poder vislumbrar la verdadera valía de este local.
Porque, vaya, estudiar no sé, pero beber cerveza se hace cuando se puede.
Aquí se viene a tomar cañas, y punto. Ni tercios, ni minis, ni jarras ni macetas, ni bidones, ni su santa madre. Que, bueno, lo que entienden aquí por caña es un vaso de tubo de cerveza. Sí, de esos en los que un conocido actor porno español no puede meter su instrumento de trabajo (segunda referencia que hago a él en este blog, por cierto; empiezo a preocuparme). Cada caña 1.30 céntimos. Cada caña, acompañada en su primera vez por dos "raciones de tapa" para cada comensal y en las sucesivas por una, también para cada ser de la mesa. De hecho, en ocasiones no es ni necesario que para recibir comida tenga uno mismo que volver a pedir otra caña; si tu compañero de fatigas termina antes, te muestra su desprecio por ello, y pide otra, es probable que con su ración de veneno líquido puedas llevarte algo más a la boca (con el consiguiente pago en dignidad).
La cerveza es Amstel. Ni apetitiva ni aversiva.
Lo que te pueden poner de rancho va desde pinchos cutrillos de fiambre (salchichón, chorizo, bacón... esas mierdecillas), a fritos cutrillos del estilo croqueta-empanadilla (de la sección de congelados que de toda la vida la madre de uno sólo le ponía cuando por cualquier motivo no le daba tiempo a hacerlas caseras; afortunadamente eran mínimas esas ocasiones), pasando por raciones de frutos secos, langostinos, mejillones y algún que otro marisco más, hasta, si uno tiene suerte, algún plato de patatas fritas (no de las industriales, de la de freidora) con albóndigacas (de las de lata mala, que tienen más grasas que hidratos y proteínas juntos), chistorraca, morcillaca, picadillaco o similaracos.
Es obvio que destaca más la cantidad que la calidad, pero se agradece. Vamos, hablando de manera relajada, que acabas como una puta bola.
De entre los extras a las simples cañas, mencionar el que por 4 de estos vasos del averno se pueda acceder a una especie de oferta realmente innecesaria salvo para aquel que hace de la gula un arte: una bandeja de considerable tamaño de patatas acompañadas de una de las múltiples opciones que ofrece la carta. Bebida y comida juntas 9 euros. Digo lo de innecesario porque sólo con lo de las cañas uno se alimenta de sobra.
Destacar también a la camarera del local. Lo cierto es que es muy maja, incluso cariñosa, pero también lo es que tiene una excesiva tendencia a la invasión del espacio personal. Vamos, que como te descuides te pone la mano en el hombro, lo cual no a todo el mundo agrada. A mí no, desde luego.
C/ Vizcaya nº8. Como referencia espacial, tomando como base la calle Delicias, se encuentra en la perpendicular situada enfrente del sex-shop que andará por el número 80-90. Por sus luces de neón lo encontraréis.
Nota: cierra los sábados.
Publicado por Dain en 16:26 8 comentarios
La Cerveza, (des)motor de la humanidad
miércoles, enero 7
Coloco este artículo, que mi hermano con gran acierto nos ha mandado, acerca de una hipótesis interesante sobre por qué dejamos de ir hace miles de años de paraje en paraje buscándonos la vida, de mejor o peor manera según lo macho que uno fuera, y lo cambiamos por la decisión de hacer permanecer a nuestro culos inquietos reposando en un mismo estercolero durante años que luego podrían heredar los hijos de uno, de mejor o peor manera según lo macho que uno fuera.
También me hace reflexionar sobre las ideas que llevaron a los autores de este blog a, oh sorpresa, fabricar nuestra propia cerveza.
He aquí:
El ser humano se volvió sedentario para fabricar cerveza y emborracharse
El original (sí, es del abc): http://www.abc.es/20080910/nacional-sociedad/humano-volvio-sedentario-para-20080910.html
Publicado por Dain en 11:42 0 comentarios
Etiquetas: Otros
Una temporada en el infierno
lunes, diciembre 22
"Antaño, si mal no recuerdo, mi vida era un festín donde corrían todos los vinos, donde se abrían todos los corazones."
Los zombis invaden periódicamente el LozanAllí llegamos, no piensen ustedes que por primera vez, después de tomarnos unas cervecitas en un sitio cuya decencia era cuestionable; la del Lozano no se puede cuestionar. Quizás cuando en su letrero se leía el nombre completo, sí. Ahora ya no le queda ni el más recóndito vestigio.
Su especialidad es la cervezaca, las patatacas y las hamburguesacas. Sus maneras son sutiles en lo burdo, delicadas en lo antihigiénico, esquisitas en el mal gusto. El olor uno se lo lleva pegado, no solo cuando sale, sino varios días después, como si del estigma cainita se tratase.
Pues bien, ese sitio de perdición nos endujo a un estado enajenado del alma, y nuestras buenas intenciones pronto se trocaron en un ejemplo más de bastardía terrenal. Minis de cerveza en tiempo record, miradas lascivas a las parroquianas, estupideces supinas por doquier. Sí, amigos míos, el olor no es lo único que se le pega a uno en ese sitio, sino que la bastardía se cuela dentro de nuestros seres por simple ósmosis.
Pero esta no se va con una ducha, de hecho, la idea es que no se vaya. La bastardía es mala, pero es lo que nos gusta a nosotros. Un sitio indigno, a nuestra medida, que nos viene como un guante.
La dignidad es para las abuelitas con bastón, y allí no vi a ninguna.
Este sitio todo lo corrompe: los propósitos de año nuevo, las buenas intenciones, la acción cívica del día. Nada queda de todo eso cuando uno entra aquí y se come una hamburguesaca. Nada queda, excepto una incómoda pátina de grasa en el cielo de la boca y una sensación de indeleble corrupción.
Eso es todo, amigos míos, hermanos en el pecado. Si queréis ir, a riesgo vuestro, este sitio está en una de esas roñosas calles que salen de la Plaza del Grial (curiosa ironía).
Es recomendable acudir con una hostia mojada en sangre de virgen, consagrada en un pentáculo impío frente a un macho cabrío negro.
Publicado por n.S. en 14:11 3 comentarios







